viernes, 30 de julio de 2010

Trekking en los Himalayas, rumbo al Annapurna Base Camp

Salir de Katmandú fue más fácil que entrar, a pesar que para hacer vuelos nacionales, nos registraron de arriba a abajo y nos hicieron pasar por varios arcos de seguridad en las mismas escalerillas de la avioneta. Los billetes los habíamos comprado ese mismo día por varias recomendaciones, y también es destacable que en Nepal, hasta los billetes de un vuelo son negociables y hay que negociarlos. De los casi 100 $ que nos pedían en un principio, pudimos dejarlo en 40 $ cada uno. Tras subirnos en el minibús que nos acercaría a la pista donde se encontraba la avioneta, todos empezamos a coger pole-position para ser los primeros en subirnos y poder sentarnos a la derecha del aparato y así poder ver los Himalayas, el Everest, etc. Había 16 plazas y en realidad no hubo mucho problema porque iba casi vacío. El vuelo duró poco más de media hora y fue bastante tranquilo, teniendo en cuenta que es uno de los lugares del mundo más complicados para volar y donde los pilotos son auténticos maestros.
Recién aterrizazo en Pokhara
Fue emocionante aterrizar en Pokhrara, a un aeródromo donde solo vuelan avionetas y de tamaño minúsculo.
Le negociación de un taxi fue bastante fácil.
En Delhi causalmente conocimos a unos chicos españoles que nos habían hablado de un chico gallego que estaba Pokhara establecido y que tenía un hotel, así que fuimos hacia aquel lugar (al final es cierto que los gallegos estamos por todas partes).
Tras llegar a aquel sitio, conocimos a Ricardo, que era el dueño del hotel. Tras contarle nuestro periplo por la India y Nepal, y que teníamos la intención de hacer el trekking del campo base del Annapurna, nos animó a hacerlo y tras una media jornada de reflexión, partimos al día siguiente hacia Nayapul, para iniciar desde allí el trekking hacia el campamento base de Annapurna. Esa tarde paseamos por los alrededores del lago, donde hay además de varios cafés y restaurantes de tipo occidental, numerosas tiendas relacionadas con tido tipo de material de montaña. Evidentemente compramos varias cosillas que nos vendrían bien para el trekking. Además de las compras, tuvimos que hacernos un par de fotos para poder sacar el permiso y poder acceder al 'Annpurna conservation Area' y sacarnos de paso unos eurillos a los occidentales que van por ese lugar (sobre todo españoles).
Al día siguiente nos vamos con Babú, quien sería nuestro guía por el trekking.
En un puente Tibetano
El circuito al Campo Base de Annapurna, tiene como punto de partida Nayapul, donde llega la carretera y donde se sella el permiso especial para hacer el trekking. A partir de allí comienza hasta la fecha la mayor aventura de mi vida.
Empezamos a caminar primero sobre plano, atravesando lugares espectaculares como arrozales, rápidos, ríos, jungla, etc. A nuestro paso nos encontrábamos personas realmente peculiares. Tras unas cuantas horas caminando sin descanso, empezamos a subir y bajar escaleras, las cuales eran bastante incómodas ya que el tamaño de los escalones no era homogéneo. Yo ya estaba empezando a estar cansado, pero cansado de verdad. (aquello no era nada comparado con lo que se avecinaba). Tras un día agotador de Caminar, subir escaleras y soportando altas temperaturas en una humedad relativa bastante alta, llegamos a Ghandruk.
El trekking es como un Wallpaper
Gandruk se podría decir que el pueblo o aldea más 'civilizado' de la zona, ya que cuenta con un teléfono y linea eléctrica, tienda, agua caliente en los lodges y otras comodidades.
Aquella noche estábamos todos realmente cansados, así que después de una cena nos acostamos. Por la noche me desperté por una fuerte tromba de agua, que por lo visto suele ser habitual en toda la zona debido a los monzones.

A la mañana siguiente nos habíamos levantado a las 5:00 h y continuamos nuestro camino, dejando nuevamente a nuestro paso, lugares alucinantes con gentes muy especiales. Esa misma tarde recuerdo que comimos en un lugar que estaba rodeado de marihuana por todas partes. Durante toda esa jornada se puede decir que el día fue soleado y apenas llovió. Alrededor de las 18 horas aproximadamente llegamos a Chomrong, que para mí fue el más acogedor de todos y donde tuve la sensación de viajar en el tiempo varias décadas atrás. Al anochecer y después de cenar estuvimos sentados en el porche de la casa, hablando y disfrutando de aquel momento. Algo que me sorprendió fue la gran cantidad de mosquitos que podría haber en aquel lugar sobre todo al anochecer, y es que la bombilla que nos estaba alumbrando estaba completamente opcaca por una nube de mosquitos que volaban alrededor de ella. Admito que cuando ví aquella nube de mosquitos, lo primero que pensé fue en la Malaría, y aunque estuviese tomando la pastilla que lo previene, no debía preocuparme porque a partir de 1200 metros nos puede vivir el mosquito anófeles (portador de la Malaria).
Había muchas cascadas y torrentes de agua.
Llegar a Himalaya como auténticos muertos vivientes, fue quizás una de las cosas que más esfuerzo me ha costado a lo largo de mi vida, nunca pude imgainar que el ser humano puede soportar tanto sufrimiento acompañado de un desmoralizamiento extremo. La lluvia era intensa, algunas sendas había variado debido a las lluvias monzónicas... Estábamos tan desmoralizados y agotados que ver corrimientos de tierras de la noche anterior y zonas de elevado peligro ya no nos afectaba. A partir de Chomrong, los puentes tibetanos ya no son seguros, y en la mayoría de los casos son un par de troncos mal puestos. A medida que vas subiendo los pocos lugares que se atraviesan están más desiertos y no hay agua caliente, ni luz eléctrica y apenas hay comodidades.
Esa misma noche, llegamos al punto (yo creo) más duro de todo el trekking. En aquel lugar coincidimos con una decena de personas provinientes de todas partes del mundo. Teníamos ante nosotros un gran problema, ya que no teníamos ropa seca y allí no había manera alguna de calentar nuestras prendas. La humedad y el frío era extremo. A la hora de cenar, la comida no estaba muy caliente y en el comedor estábamos todos reunidos para poder 'calentar' aquel lugar tan desolado, frío e incompatible con la vida.
Tener equilibrio es muy importante.
Después de cenar, nos fuimos a la 'cama' o al catre, porque aquello era cualquier cosa me nos una cama. Tuvimos que dormir vestidos y con la ropa mojada.
Tras una noche bastante lamentable, a la mañana siguiente unos de los trekkers con los que habíamos coincidido nos cometaron que durante la noche, tenían varias leeches (sanguijuelas), colgadas del techo a la altura de la cabeza para tirarse sobre la victima. Sobre las sanguijuelas habría que hacer un capítulo aparte.
Tras aquella fatítidica noche, en la que en vez de descansar, lo que habíamos conseguido era cansarnos más continuamos con nuestro camino hacia el MBC (Macchapuchare Base Camp).
La altura ya era superior a 3000 metros y se empezaba a notar el cansancio no solo de todo el trekking sino también la falta de oxigeno. Estabamos completamente desmoralizados y pensábamos que aquel campamento base iba a ser aún peor que el de Himalaya.
En Deurali, hecho polvo...
Fue una grata sorpresa llegar al MBC, ya que a pesar de la altura, 3700 metros, el lugar era bastante acogedor y las vistas eran incomparables. El responsable de aquel lugar era un chico de Chomrong (pequeño poblado Sherpa que comenté anteriormente que está a 2 días de Nayapul y a 2 de MBC). El chico fue muy atento con nosotros y nos trató como reyes. Eramos los únicos en aquel lugar. Por un módico precio puso un calentador de queroseno debajo de la mesa y pudimos calentar todas nuestras prendas. La cena estaba muy rica y pudimos dormir 'caliente' una siestecita.
Algo que siempre nos llamaba la atención era que los guías siempre dormían fuera de los barracones donde lo hacían los trekkers, y siempre ayudaban a cocinar a los dueños o responsables de los Lodges.
Auqella noche fue mejor que la anterior, y al amanecer nos dirijimos al ABC (Annapurna Base Camp) y lograr nuestra meta.

Llegando al ABC (Annapurna Base Camp)
No había demasiada distancia al ABC y el desnivel eran de unos apenas 500 metros de altura, si bien hay que tener en cuenta que según vas subiendo el cansancio y la falta de oxigeno aumenta exponencialmente. Todos teníamos el mal de altura, y es que a pesar de que íbamos preparados y nos habíamos ido acostumbrando poco a poco, nadie está exento de tener algún susto.
Fuimos caminando y David parecía una cabra montesa, había sacado las fuerzas no se de donde. Yo en cambio ese día estaba realmente mal. A escasos metros del 'cartelito' me decidí a hacer fotos y al levantar los brazos se me empezaron a quedar dormidos... me empecé agobiar bastante porque no era el mejor lugar para tener un problema de salud. Conseguimos llegar y subir al ABC, donde nos tomamos un té para entrar en calor y donde estuvimos merodeando por el lugar durante una media hora. yo ya estaba deseando bajar porque seguía con los brazos dormidos y estaba un poco mareado. Tal y como había leído en libros y me había informado a medida que íbamos bajando me empecé a encontrar mejor. De repente me empecé a llenar de fuerzas, por el logro que había conseguido y porque lo que quedaba era volver, y aunque la tendencia era ir bajando, no nos libramos de algunas subidas de escaleras como la de Chomrong, en la que el agotamiento físico era similar como cuando ibamos al principio.
Nunca había llegado tan alto... 4130 m
Esa noche dormimos en Bamboo, y lo cierto es que no fue un lugar cómodo ya que además de un poco bordes todavía estábamos a una altura considerable y lejos de la civilización.
Al día siguiente, más de lo mismo, deseando llegar a nuestro destino. La temperatura había subido y el camino desde Chomrong, había variado, volvimos por otro lugar diferente a Nayapul. Fuimos a Landrukh, un lugar de lo más aconsejable y con un lodge realmente bonito.
Esa noche dormimos muy bien, pudimos por fin ducharnos con agua caliente. El baño y la ducha era un poco incómodo pero para nosotros era como estar en un palacio. Por fín podíamos cargar nuestros móviles.... En fín, aquello era genial.
A la mañana siguiente fuimos hacía Nayapul, volvimos a pasar por la jungla, y lugares alucinantes como una pequeña escuela en la que a nuestro paso pararon las clases y nos presentaron a los niños. Tras unas cuantas horas en las que ya no había escaleras, llegamos a Nayapul casi corriendo. Teníamos tal vitalidad que aquello no era normal. Al llegar al pueblo, nuestro sherpa entrega nuestro carnets de acceso al área reservada y los ella, dándonos nuestra acreditación de haber llegado al Annapurna Base Camp.
Por fin en Nayapul, vimos una carretera, civilización, coches... Destartalados eso sí, pero había coches y los móviles tenían cobertura.
Algunos puentes tenían 'sorpresita'
El regreso al hotel donde nos habíamos alojado fue casi una fiesta, y al llegar a Pokhara nos fuimos directamente a que nos dieran masajes sobre todo en los pies.
Durante dos días que estuvimos en Pokhara estuve hecho polvo por completo, tras haberme relajado, me empecé a sentir cansado en extremo y dar un paseo de 10 minutos al lago, llegaba a extenuarme.
Llegaba la hora de volver a Katmandú, y lo hicimos como vinimos, en avioneta. Otro vuelo emocinante y otra vez al ruido y contaminación de Katmandú.
Una vez en Katmandú, agotamos un par de días visitando lugares típico de los Nepalíes, yo seguía muy cansado, pero mucho... Una de esas noches, cenando en un restaurante, comentzó a llover de tal manera que se inundó el local de agua hasta casi las rodillas, fue una situación divertida, rocambolesca y bastante engorrosa. Uno de esos días casi perdidos debido al cansancio, lo dedicamos a la embajada de la India en Nepal, ya que nos habían dicho que teníamos que ir a la embajada de India previamente si queríamos volver a entrar en Delhi. Tras unas cuantas horas de espera bajo la lluvia, nos informaron que no era necesario ir allí, y que el pasaporte que dan de 6 meses y de múltiples entradas permite entrar y salir varias veces sin mayor problema. Llegaba el final del viaje, con lo que volvimos a Delhi, y allí un dia entero esperando en la salida de la terminal porque salimos y no nos dejaron entrar (a pesar de que teníamos que hacer transfer). Por lo visto solo dejan entrar tres horas antes del vuelo. Estábamos completamente indignados. Finalmente y tras esperar un retraso de 5 horas, cogemos el avión de regreso a Madrid, en este caso vía Qatar en vez de Estaumbul...
Y tras 15 horas llegamos por fín a Madrid.
Conmigo traía un montón de recuerdos imborrables y alucinantes de un viaje que jamás olvidaré y recomendaré a pesar de las dificultades que haya tenido en el mismo.
Namasté...  नमस्ते


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